Poemas


Dados (de hielo)

El juego
de conversaciones repetidas
de ojos negros al fondo 
de los bares
el instante aquel
el horizonte crítico de las esperas
y una vuelta a casa
con el miedo a los cuerpos
de la noche
                  Qué fácil
el vacío
Sonríen algunos ángeles
caminando de espaldas
El deseo
es contundencia también
                                     Y el olvido
tu mayor fortuna.


(De "La mitad de la luz")



(regreso a Es Baluard)

Como un juego, medirse
en las alturas: frente al mar
-aquella lámina- buscar equivalencia
en la marea, las mismas piezas
en un orden distinto. El aire
no es demasiado cómplice: esparce
solamente brasas, rescoldos
llamemoslos fugaces, que arden
todavía al azar, que lo alimentan,
contra toda lógica,
avivando
una neblina densa, un dispersar ciego
sin acaso ambición. La ciudad, mientras,
se oscurece en su historia, encuentra
laberintos nuevos, nuevas paradas
donde cerrar los ojos. El orden,
nunca escrito,
se cuela por los poros
de la piel. Por ello,
otra forma de estar, de asumir
el presente: como el agua
la misma dictadura;
mirar, sin tanto vértigo,
la costa modelada
a su capricho.


(De "Julia, agosto, septiembre )




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Acerca de La mitad de la luz. Por Paco Moral:




Buenas noches a todos, y gracias por haber venido. Gracias a Pablo Méndez y a La Casa del Libro, por darme la oportunidad de presentar el libro de Antonio. Y a Antonio Daganzo, por sus siempre acertadas introducciones. Y gracias a él sobre todo, porque hace poco me pidió que hiciera su presentación, y debo decir que me hizo ilusión, por muchas cosas, por el libro que presenta, sí, pero también por amistad. Y porque mentiría si no dijera que esperaba íntimamente que me pidiera hacerlo, y porque hubiera dejado mi ego a la altura del betún y mi corazón algo matrecho si no me lo hubiera pedido. Sin ambages ni medias tintas, me hacía y me hace mucha ilusión presentar hoy el libro de mi amigo Antonio.

Espero ser breve y no aburrirles demasiado...Conocí a Antonio hará poco más de un par de años. Yo le envié un libro mío, y él me contestó exquisitamente, con amistad desde la primera línea, y consiguió ruborizarme llamándome Querido poeta. A partir de ese momento comenzamos una larga serie de comunicaciones electrónicas o vía teléfono, intercambiándonos poemas, ideas, pensamientos, y también historias personales. Me contó que iba a venirse a vivir a Madrid, que motivos personales lo traerían aquí o a Barcelona, que la vida cultural en Madrid era grande, que necesitaba venirse...En ese momento imaginé a Antonio como un personaje del siglo XIX, llegando a Madrid con su maleta llena de versos, le ví como a Miguel Hernández llegando desde Orihuela para instalarse y comerse el mundo desde la capital. Eso me hizo abrir mi corazón, me cayó especialmente simpático por esa actitud de compromiso consigo mismo. Todo es subjetivo, y la percepción de los otros vista desde nosotros mismos también lo es, pero me dejo a menudo guiar por mi instinto, y no me parece que sea uno de los pecados capitales.

Me envió entonces el original del libro que hoy presentamos, La mitad de la luz. Empiezo a creer que la luz me cerca y de algún modo me ilumina de manera vicaria, a través de los demás; hace no mucho tiempo tuve el honor de presentar el libro Enredos de luz, de Marta Rubio. Antes, el de Ana Ares, Atreverse al mar, que terminaba con un verso que decía: "Demasiada luz ciega". Me resulta curioso, incluso yo diría que freudiano, que el último libro de poesía que me han regalado sea el del Nobel de literatura Harry Martinson, Entre luz y oscuridad. Tal vez sean demasiadas luces para mis sombras, pero el camino, por oscuro que sea, siempre encuentra, con la luz de los amigos en forma de excelente Poesía, rincones luminosos.

Decía que me envió el original de este libro, lo leí, y tomé una decisión. Le dije si le importaba que se lo enviara al editor de mi último libro, y me contestó que por supuesto, que no tenía inconveniente. Y así lo hice, se lo mandé a Pablo Méndez, y decidió publicarlo. Como en esa frase tan archiconocida del Rey, me llena de orgullo y satisfacción el hecho de que dos originales que decidí enviarle a Pablo, hayan sido publicadas por él. Eso me habla de su buen olfato como editor (editor y poeta, que eso ayuda mucho) y del mío como lector de poesía. El primero que le envié, el que mencionaba de Ana Ares, acaba de obtener el premio de la Asociación de Editores de Poesía como mejor libro de poesía del año 2008. Espero que este de Antonio corra una suerte pareja.

Hace poco tiempo, cuando le entregaron a Juan Marsé el Premio Cervantes, dijo en una entrevista posterior que él aspiraba cuando escribía a transmitir, de algún modo, alguna forma de belleza. Creo que no se puede expresar mejor, con menos palabras, ni más certeramente. Ese es el objeto final de quienquiera que se siente delante de un papel, de un lienzo en blanco, o ante una piedra inerte y sin forma. Si acaso, yo añadiría respecto a la poesía la necesidad de transmitir también alguna forma de emoción, de tocar desde el universo de sus palabras y sus ideas, de su música y su singularidad, el planeta muchas veces alejado y oscuro del corazón humano. Creo que Antonio nos emociona y nos llega, nos transmite desde la palabra universos propios que son a la vez privativos y universales: la soledad, el miedo, el amor, el tedio, el sentimiento de vacío en momentos concretos. Los temas, en fin, del arte, los motivos de la poesía.

Antonio lo hace partiendo de una premisa que es a la vez título del libro y declaración de intenciones: la mitad de la luz. Es lo que nos ofrece, no un faro, apenas un candil para adentrarnos en la cueva de sus ideas, de sus emociones. Nos ofrece la mitad de la luz, como en toda buena poesía. No nos regala la evidencia, nos la esboza. No nos explica un poema, atisba un observatorio desde el que esperar el momento en que nuestra propia luz nos ilumine. No nos conduce a su verdad, nos regala el oro de poder usar la nuestra, de completar con nuestra propia luz, la mitad de la luz que voluntariamente nos niega, para hacernos libres y partícipes, para completar la andadura.

Hay unos versos de Rafael Amor, de un poema titulado "No es lo mismo", que apuntan algo parecido...


                                                 Porque la luz que falta cuando el alba
                                                 no es la sombra que sobra en el ocaso.


El alba de Antonio está iluminada solo por la luz que él nos regala; el resto debemos ponerla nosotros, es una invitación y es un reto. Lo evidente es solo la mitad, solo su propia mitad. La nuestra es la luz que falta cuando el alba. Porque la poesía no es un territorio iluminado, ni siquiera es la patria de los iluminados como piensan algunos oscurísimos candileros. Es la certeza de que algo ocurre, de que está sucediendo algo que nos puede conmover, pero no es tan secillo como "contarnos" lo que pasa. Se trata, si la poesía es de verdad, de contarnos una parte de esa "verdad", de la verdad del poeta, consciente siempre de que el verdadero verso, el gran poema, es siempre su propia mitad. La otra, la que lo completa, la ponemos nosotros, y no hay una, sino tantas como ojos miren, como corazones se dejen tocar por la pincelada de luz que nos ofrecen. Solo en momentos de desesperanza, en los tiempos sombríos de los que hablaba Brecht, la poesía debe ofrecer toda la luz, porque en ese momento el verso, el lienzo o el cincel son armas. En circunstancias normales, el verso es tan solo un instrumento para transmitirnos la verdad del poeta. Nosotros acabaremos de añadirle la nuestra, la que nos es propia. La mitad de la luz que solidariamente Antonio nos invita a completar con nuestros propios semitonos.

Espero no pisarle a Antonio un poema del libro que quiero leer ahora.

                                                             (la casa oscura)
                    
                                                      Es la justa certeza
                                                      de estar solo ante el mundo.

                                                      Hay tanta gente que huye,
                                                      que sostiene
                                                      después de tanto tiempo
                                                      una excusa en las manos.

                                                      Esa llamada que nunca
                                                      recibimos; ese dolor
                                                      de los espacios hostiles.

                                                      Porque no hay refugios
                                                      sino tan solo pronósticos
                                                      esta necesidad de luz.

                                                      La casa oscura, el niño
                                                      que todavía ama.


Las luces y las sombras permanentes, el reclamo a los territorios donde se instala la luz pese a la sombra solitaria del poeta.


                                                     Con los ojos pendientes
                                                     esta sombra.

O más adelante


                                                     Días breves,
                                                     que la noche olvida
                                                     en los portales.


 Todo en el libro es una referencia a la penumbra, a la lucha sin cuartel entre la luz y la sombra, la alborada y el ocaso. Es la tristeza, el reducto irreductible de la melancolía, por el que Antonio pasea su tristeza.


                                                    por qué el único abrazo
                                                    en la soledad inmensa del crepúsculo.


Y es también, el libro en su conjunto, un paseo demorado, lento, a través de todos los momentos del día, de todos los instantes cotidianos. Se suceden las mañanas, las noches, y vuelven a entrelazarse morosamente unos con otros, con pasajes cotidianos. Y con estados del alma, Con sensaciones. Con experiencias.

Con goteo incesante, Antonio va desgranando, desde el orto hasta el ocaso, cada mínimo acontecer, interior y exterior. Lo que pasa, y lo que le pasa. En bares, en autobuses, en calles solitarias en las que ni el propio Antonio habita. De la desesperanza


                                                  Bastaba con querer
                                                  para inventar adioses,

                                                  haber querido
                                                  para llegar al fin.


al desasosiego


                                                  Amanece. Hay palabras
                                                  con frío, y números
                                                  sin suerte, y andamios
                                                  sobre el barro.


De la soledad abigarrada de espectros


                                                  La memoria que dice
                                                  que no sabe. El gran silencio
                                                  que me sobrevuela
                                                  celebrando el destierro. El cadáver
                                                  que prepara café
                                                  al llegar a su casa.


al recurso desesperado a la esperanza, esa melancolía irreverente que nos habita cuando nos resistimos a darnos por vencidos, pese al tedio innombrable, pese a nosotros mismos, pese a la nada infinita de existir. Y pese al absoluto vacío de un poema sin escribir.


                                                Amanece, al fondo.
                                                Ya seas humo, simulacro
                                                de Dios, tesoro,
                                                preguntaré por tí.


Todo se cita y se concita en La mitad de la luz. Porque es ese territorio, esa patria imposible e invisible donde todo es la mitad de lo que vemos, el lugar de las verdades a medias, el de las afirmaciones no categóricas, el de la irrealidad de lo real por encima de la razón, incluso más allá de la locura. Porque al fin y al cabo sabemos que casi todo acaba siendo siempre una mentira, aunque sea piadosa, y que la vida supone las más de las veces un lentísimo sucederse de preguntas sin respuesta. Algún optimista verá el vaso medio lleno, y el pesimista lo verá medio vacío. Antonio nos dice que hay un vaso. Y una fuente. Que cada uno tome sus medidas porque él nos espera, como los buenos toreros, citándonos en los medios. Y desde esos medios, incluso la muerte tiene siempre una doble cara, una luz y una sombra, una irrealidad que le aleja de su sentido literal y bastardo.


                                           Este premio baldío, principio de la muerte
                                           que huye desbocado a su frontera de sueño.


Inventemos la muerte o el amor, el desamor o la vida, la carestía implacable de nuestros silencios o la aciaga certeza de que estamos casi siempre solos con algo irreal a lo que agarrarnos como náufragos. Todo, al fin, será la mitad de la luz, porque todo será siempre discutible y no habrá verdad que nos redima si no aceptamos que esa verdad solo será la nuestra. Como dijo Machado, tu verdad, no, la verdad. Y ven conmigo a buscarla, la tuya, guárdatela.

Amigo Antonio, enhorabuena por La mitad de la luz...Hace muchos años escribí un poema en el que había unos versos que creo vienen hoy al caso.


                                          Mañana dominarás el rayo
                                          y abrirás la caja de la luz
                                                                       los lápices
                                                                       pinceles
                                          y el sol, como un dragón herido,
                                          escupirá sus rayos de amor
                                          sobre nosotros.


Y ya termino...solo nos queda ahora oír al poeta, ver la luz y la sombra en sus palabras y dejarnos mecer por el suave canto que nos cuenta de él, de un día con él, dentro de Antonio. Seguro que podemos ver que lo que llevaba aquél día que decidió venir a Madrid era un fardo lleno de vida, de vida de verdad, y de excelentes poemas que configuran este libro y todos los que vendrán después. Así sea, y muchas gracias.

-Paco Moral-

http://edicionesvitruvio.blogspot.com/2009/05/presentacion-de-la-mitad-de-la-luz-de.html

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